La relatividad de Albert Einstein nos proporciona una concepción poco evidente de nuestro universo. Sus ideas revolucionaron una física anclada desde Newton y describían una realidad donde el tiempo adquiría un nuevo sentido, donde los relojes marcan tiempos diferentes, un mundo, donde la simultaneidad se pone en entredicho y donde lo observado depende de quien lo observa, una simple idea que nos proporcionó el sueño de viajar en el tiempo. Prepárese lector, para descubrir una de las llaves al código del universo.

No es ninguna paranoia afirmar que la concepción habitual y generalizada del tiempo es errónea. A continuación, le demostraré esta afirmación y para ello utilizaremos una sencilla analogía. 

Nos encontramos en una mesa de negociación donde a ambos lados se encuentran los representantes de dos grandes empresas. Estos están intentando llegar a un acuerdo comercial y económico, sin embargo, ninguno de ellos está dispuesto a ser el primero en aceptar y firmar el acuerdo. Por tanto, plantean un sistema donde la firma se produzca de forma simultánea. La idea consiste en colocar una bombilla, inicialmente apagada, en el centro equidistante a ambos representantes. Una vez esta se encienda, ambos delegados recibirán la señal luminosa simultáneamente y deberán firmar el contrato. La simultaneidad parece evidente ¿no? De esta manera llevan a cabo el plan, pero no lo harán en el aula de reunión, sino en un tren…

El representante de Avancisoft (nombre de la empresa que representa) se sienta mirando hacia la dirección en la cual avanza el tren, mientras que el representante de Retrocesoft se coloca en el asiento opuesto. La bombilla se enciende y, en presencia del resto de copartícipes de las respectivas empresas, llevan a cabo el plan firmando el acuerdo.

Para su sorpresa, cuando bajan del tren y vuelven a la estación, observan como los accionistas de Avancisoft se sienten engañados y estafados, pues afirman que su representante firmó antes el contrato que el representante de Retrocesoft, no produciéndose, por tanto, la simultaneidad acordada. Sin embargo, todos los presentes en el tren sostenían que el trato se había llevado a cabo con total honestidad y sin engaño alguno. ¿Quién tiene razón? Lo cierto, es que todos tienen razón en este paradójico problema. Analicemos más detenidamente qué ha ocurrido aquí.

Para los observadores en el andén, el agente de Avancisoft se desplazaba hacia el haz de luz emitida, mientras que el agente de Retrocesoft se alejaba de la luz emitida. Es así, como la luz recorrió menos distancia para llegar al representante de Avancisoft. Todo esto, debido al propio movimiento del tren. No es por tanto, una cuestión que afecte a la velocidad de la luz, sino una cuestión de cuánta distancia tuvo que recorrer la luz en cada caso. Es por ello, que para los observadores de la ceremonia situados en el andén, el representante de Avancisoft firmó con anterioridad el acuerdo, pues recibió también antes la señal luminosa.

Ante esta situación, los presentes en el interior del tren no pueden creer lo que escuchan, ellos afirman con total seguridad que la bombilla se encontraba en una posición equidistante y que la luz, sin lugar a dudas, llego simultáneamente a ambos representantes.

Entonces, ¿qué está pasando aquí?, ¿se trata acaso de un truco mental o de magia? Como hemos dicho anteriormente, efectivamente, todos tienen razón, y es que procesos simultáneos para un observador, no tienen por qué serlo para otro observador que se encuentra en movimiento relativo con respecto a este. ¿Os acordáis de Philipp y Diane en El principio de relatividad? Este fascinante resultado es consecuencia del principio de relatividad donde reiterábamos que el movimiento es relativo. Así mismo, este desenlace responde de forma directa a una de las propiedades más asombrosas de la luz: la velocidad de la luz es absoluta. Como decíamos en La velocidad de la luz: cualquier observador, sea cual sea su estado de movimiento relativo, estará de acuerdo en que la velocidad de la luz es siempre 300.000 km/s. De no ser así, no tendríamos este problema y todos los presentes en el evento estarían de acuerdo con el resultado. Pero la luz en la vida real no puede acelerarse ni desacelerarse, como decíamos, su velocidad es absoluta.

En definitiva, la naturaleza de la luz nos está ofreciendo una invitación forzada a olvidar la vieja idea de la simultaneidad como un concepto universal. Ante dos observadores con movimiento relativo uno respecto al otro, la percepción de procesos simultáneos simplemente no coincidirá. La simultaneidad es relativa. Entonces, ¿existe la simultaneidad?

Referencias bibliográficas:

–         Brian B. Greene, El universo elegante.

–         Albert Einstein y Leopold Infield, La evolución de la física.

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