En el mes de febrero, la NASA nos anunciaba el notición que suponía el descubrimiento de un sistema compuesto por siete planetas rocosos con características potenciales de poder albergar vida. Se trataba del sistema TRAPPIST-1, el cual, además se encuentra situado a tan solo 40 años luz. Ya podemos entender porque se trataba de un descubrimiento de los grandes dentro de la exploración espacial, y más concretamente, en relación a la investigación de exoplanetas.

De hecho, si está interesado en conocer más información sobre el sistema TRAPPIST-1, existe un artículo en el blog dedicado al mismo: ¿Es TRAPPIST-1 la esperanza de la humanidad?

En ese artículo iniciábamos la noticia con una pregunta muy interesante: ¿Es TRAPPIST-1 la esperanza de la humanidad? Bien, pues parece que ya hemos obtenido una respuesta a dicha pregunta, y lamentablemente, no es especialmente positiva.

Mientras que hace unos meses, estos planetas templados y con grandes expectativas de contener agua líquida se habían convertido en la opción preferida para buscar vida fuera del sistema solar, ahora este panorama ha dado un giro inesperado y nuestras ilusiones parecen desvanecerse.

El sistema TRAPPIST-1

Equipos del centro astrofísico de Harvard han obtenido resultados que dificultan en gran medida la existencia de vida compleja tal y como la concebimos hoy en día. Entre ellos, encontramos la falta de escudos proporcionados por campos magnéticos o la peligrosa radiación ultravioleta procedente de la enana roja.

En la Tierra, nuestro campo magnético ejerce un papel fundamental para desviar al viento solar y proteger a nuestra atmósfera. Es esta una de las condiciones más esenciales que permiten que la vida en la Tierra sea una realidad. Si por el contrario, nos encontráramos a una menor distancia con respecto al Sol y las partículas golpearán a nuestra atmósfera con mayor vigor, muy probablemente nuestra realidad sería muy distinta.

Representación del viento solar y el campo magnético terrestre

Sabiendo esto, ya os podéis imaginar lo que ha ocurrido en los mundos rocosos de TRAPPIST-1. Exactamente, la radiación y el viento estelar procedente de la estrella habrían acabado con las atmósferas de estos planetas. Y es que según los datos obtenidos, esta radiación podría ser de una intensidad entre 1.000 y 100.000 veces mayor que la que experimentamos en la Tierra con el Sol.

Una triste noticia que desalienta los anhelos de millones de amantes de la ciencia. Es en estos casos cuando realmente nos damos cuenta de la dificultad de encontrar planetas similares a la Tierra que acumulen los requisitos para hacer posible la vida. No obstante, el estudio del sistema TRAPPIST-1 es todavía objeto de gran interés para los científicos, aunque es cierto que las expectativas puestas en estos mundos pueden haber acabado en decepción.

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