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La llegada del hombre a la Luna es un hecho impresionante e innegable. El 20 de julio de 1969 los americanos, en plena guerra fría con la Unión Soviética (con la tensión nuclear eso supuso), hicieron efectivo el posiblemente más famoso programa espacial de la historia, el Apolo 11, dando una ventaja decisiva a los Estados Unidos en la carrera espacial y llevando, en un momento histórico, al hombre por primera vez a la Luna (y trayéndolo vivo, ¡que no es poco!). Vamos a descubrir la tecnología que supuso este gran logro en la historia de la exploración.

En primer lugar cabe destacar la época en la que todo esto acontece, los 60. La guerra fría en la que estaban sumidos los capitalistas Estados Unidos contra la comunista Unión Soviética es increíblemente relevante. Tanto es así que motivó el nacimiento de la mayor agencia espacial qué el mundo conoce, NASA. La Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio (organización civil, por cierto) fue fundada en el año 1959 por el presidente de los Estados Unidos Dwight Eisenhower como respuesta al gran éxito ruso en el espacio: el Sputnik, el primer satélite artificial de la historia puesto en órbita. Esto hizo que los americanos se calentaran mucho los morros y tras años y años de éxitos principalmente soviéticos en la carrera espacial a los estadounidenses no les quedó más remedio que lanzar el órdago definitivo: el 25 de mayo de 1961 John F. Kennedy anunció que el hombre pisaría la Luna y volvería.

Lo interesante de esta noticia fue que la actualización y modernización que tuvo que sufrir una agencia espacial que pretendía hacer historia, cuando acumulaba 20 minutos de vuelo en total, nos dio un despliegue tecnológico nunca visto hasta entonces.

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Hablemos del despegue; la misión espacial Apolo 11 requería potencia, mucha potencia, así que se buscó una bestia a la altura, el impresionante cohete Saturno V, una maravilla de la ingeniería. Antes de entrar en detalles técnicos vamos a dejar clara una cosa: un cohete se encarga de propulsar módulos espaciales, por sí mismo no es más que un petardo gigante.

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Para que te hagas una idea de la magnitud del asunto, el cohete lleno pesaba unas 3.000 toneladas, mientras que la carga que se mandaba a la Luna era de 47.

El Saturno V fue diseñado por el ingeniero aeroespacial alemán y americano Wernher von Braun, y ensamblado por varias de las mejores empresas constructoras de aviones: Boeing, North American Aviation (lo que hoy en día es Rockwell Standard), Douglas Aircraft Company y la poderosa IBM. Tenía 10 metros de diámetro para 110 de altura, y se dividía en tres fases. Las fases de un cohete almacenan combustible y sirven para dar al cohete el empuje necesario tanto en atmósfera como en órbita, mediante el desacoplamiento. La primera fase (llamada S-IC) tenía cinco motores F1 para controlar el cohete, y se alimentaba con un combustible similar al queroseno de aviación y oxígeno líquido (LOX) lo cual hace que la combustión pegue un petardazo de alucine.w4t Tanto es así que con la S-IC se alcanzaron 61 kilómetros de altura, la mesosfera. La segunda fase (S-II) empleó cinco motores J-2 que suministraron al cacharro un empuje 6,7 veces menor que el de la primera fase, pero también debemos tener en cuenta que cuanto más alto subes, menos empuje necesitas. La S-II se alimentaba con hidrógeno y oxígeno, ambos líquidos. La tercera fase (S-IVB) era técnicamente igual a la segunda, solo que debía tener dos usos: uno para situar al cohete en órbita, ósea direccionarlo, y otro para propulsarlo a la Luna, maniobra que recibe el nombre tan chulo de inyección translunar. Vamos a dar por zanjado el tema del cohete hablando de algo fundamental en tecnología, el precio: el Saturno V costó a los contribuyentes americanos la friolera de 6.500 millones de dólares.

La misión pues despegó de cabo Kennedy el 16 de julio de 1969, 4 días antes de cumplir su objetivo.

Bien, pese a lo increíble que sea el cohete, sin módulos que nos den libertad para movernos por el espacio no sirve para nada, puesto que lo que queremos es pisar la Luna, y el cohete nos saca de la Tierra y nos lleva, poco más. En la misión Apolo 11 se emplearon dos módulos: el módulo de mando Columbia (acoplado al de servicio) y el módulo lunar Eagle.

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 Estos dos aparatos estaban preparados para llevar a tres personas: el comandante Neil Armstrong, el piloto del Eagle Edwin E. Aldrin y el piloto del Columbia Michael Collins. Como te podrás imaginar el módulo de mando es el que mantiene el control de la misión y el módulo lunar es el que realmente se posa en la Luna. Ahora vamos a responder una de las cuestiones más habituales sobre la misión a la Luna: ¿por qué Michael Collins no bajó a la Luna? Simple, porque el módulo Eagle tenía espacio para 2 personas.

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Sin embargo y pese a la poca habitabilidad, al Eagle no le faltaba de nada. Tenía sistemas de telefonía, televisión, telemetría, emisores y receptores de ondas de alta frecuencia etc. Para controlar su posición empleaba cuatro motorcitos y tenía un peso de 4700 kg. Vamos a destrozar un hito: el famoso Eagle solo tenía una autonomía de aproximadamente 8 minutos, pudiéndose apagar y encender 35 veces, a la 36 moría.

La rutina que siguió el módulo una vez llegado a órbita lunar fue bastante simple: se separó del Columbia, descendió, esperó a que los astronautas hicieran el canelo por la Luna y volvió a ascender al módulo. Para este ascenso lo que hizo fue emplear una plataforma de despegue, y posteriormente se acopló al Columbia para volver a casita. Se popularizó a la vuelta de los heroes de la patria la frase “El águila ha aterrizado”, uno de los iconos de los 60/70.

rtyunEl módulo de mando Columbia era realmente el más relevante, porque de él dependía que los astronautas volvieran con vida. Era la punta del cohete, así que tenía la mítica forma de cono característica de esta parte. Esto es así porque el rozamiento con el aire se ve reducido drásticamente y no hay que gastar tanto combustible ni ajustar tantos cálculos. El objetivo del Columbia era controlar la misión y regresar a la Tierra. Es por ello que estaba recubierto de un escudo térmico de acero inoxidable y resinas que absorbieron gran parte del calor en la caída del aparato a la Tierra. Una vez finalizada la misión, el Columbia debía amerizar. Para ello estaba equipado con más de 8 paracaídas de manera que llegase al suelo a una velocidad de 35 kilómetros por hora, ¡imaginate! El frenado comenzaba a los 7 kilómetros de la superficie, y los paracaídas de estabilización saltaban a los 3.

Por dentro no te creas que era una suite, tenía 5.9 metros cúbicos de espacio habitable, como un contenedor, con una altura de 3,18 metros y un diámetro de casi 4

La misión en total duró 8 días, tres horas, 18 minutos y 35 segundos, haciendo 30 órbitas en total. En la Luna los astronautas llegaron a una zona llamada el Mar de la Tranquilidad, y en la Tierra amerizaron exitosamente en el Pacífico, completando una de las mayores misiones de exploración de la humanidad.

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Si quieres conocer la física y las partes de la misión en profundidad te invito a leer el artículo escrito por mi amigo Santiago de VDimensión en mi blog Planck Ciencia.

Yo soy Mario de Planck Ciencia y si te interesa la ciencia, desde biología hasta astronomía, echa un vistazo a mi blog y mis redes sociales.

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Muchas gracias a Santiago por la colaboración y a tí por leernos.

 

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