En un reciente experimento realizado por un reconocido equipo de investigación, el equipo NIST, ha logrado superar el límite cuántico enfriando un objeto mecánico. Con esta nueva técnica se ha superado una barrera aparentemente inamovible predicha, con anterioridad, por la física cuántica. Es así como además se pretende alcanzar el cero absoluto (-273.15 ºC), es decir, aquella temperatura teórica más baja posible en la que la materia carece prácticamente de energía. Un reto, por otro lado, realmente ambicioso, pues la tercera ley de la termodinámica nos dice que es un límite inalcanzable. ¿Por qué? Bien, en teoría llegaría un punto donde las partículas no tendrían energía suficiente para continuar haciendo que esta descienda hasta alcanzar el cero absoluto.

La experiencia se llevó a cabo utilizando una membrana de aluminio microscópica o tambor, que consiguió ser enfriado a menos de una quinta parte de un único cuanto de energía, esto es inferior al límite cuántico del que hablábamos. El tambor, con medidas de 20 micrómetros de diámetro y 100 nanómetros de grosor, se encontraba situado en un circuito superconductor con el objetivo de que su movimiento ejerciese una influencia en las microondas, las cuales acabarían rebotando en lo que conocemos como cavidad electromagnética.

De esta manera, las microondas serían capaces de variar su frecuencia cuando así fuese necesario, logrando hacerla coincidir con la frecuencia con la que esta vibra de forma natural.

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Imagen del tambor de aluminio microscópico. (Foto: Teufel/NIST)

Este resultado ha sido recibido por la comunidad científica, y especialmente por aquellos expertos en el campo, con especial sorpresa y asombro. Supone, sin lugar a dudas, un hecho novedoso que traerá consigo importantes avances en las técnicas de enfriamiento convencionales que ya conocemos. El uso de luz comprimida para ello, resulta, indudablemente, la clave en la cuestión.

Así mismo, las temperaturas cercanas al cero absoluto resultan muy interesantes desde el punto de vista tecnológico, ya que en estos estados se producen fenómenos de superfluidez y superconductividad. En el LHC, por ejemplo, se trabajan con temperaturas de -271.25 º C. Los ordenadores cuánticos son otra buena prueba de sus importantes aplicaciones donde se precisa de la criogenización de algunos circuitos para su correcto funcionamiento.

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