El crecimiento de los agujeros negros supermasivos es todavía una pieza importante por colocar dentro del rompecabezas que constituyen los agujeros negros. Eso sí, ahora gracias al trabajo del Atacama Large Millimiter Array (ALMA), en Chile, y otros telescopios que utilizan las ondas de radio, hemos conseguido desenredar un poco más toda esta cuestión.

Los investigadores implicados desvelaron como unos densos discos de gas molecular de varios cientos de años luz de extensión, situados en los centros de las galaxias, serían las fuentes de suministro de gas para los agujeros negros supermasivos.

Ya éramos conocedores de la presencia de este tipo de gigantes oscuros en el centro de muchas galaxias, así como de la existencia de una correlación entre la velocidad a la que se forman las estrellas cercanas al centro y la cantidad de gas que llega a estos hoyos titánicos. Sin embargo, aún no conocemos completamente su proceso de formación. La conclusión a la que llevaron estos hechos, es que la formación de estrellas influye en el crecimiento de los agujeros negros.

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Total, que el equipo de investigación, encabezado por Takuma Izumi, ha logrado obtener datos concluyentes que consiguen demostrar cómo estos discos gaseosos de los que hablábamos suministran de manera directa gas a los agujeros negros supermasivos.

Y no se quedaron ahí, pues con un modelo teórico han descrito también como los cambios observados en los niveles de entrada y salida de gas se producen como consecuencia de un aumento de la cantidad de gas que fluye hacia los agujeros negros. Esto a su vez, se vería impulsado por las explosiones de supernovas.  

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